
Por el pastor Matias Vizcaíno.
Para empezar, los hijos que no exhiben los valores bíblicos abren una grieta, sensible y fácil de entrometerse, en el seno de la familia que desata infelicidad. He visto, cientos de madres sufrir por el mal comportamiento que exhiben sus vástagos. De igual número, tengo conocimiento de padres que han perdido la salud, y hasta la vida al escuchar respuestas incomodas de algunos de sus proles. (Si me dispusiera a narrar los infortunios que a menudo se presentan en los diferentes hogares, no terminaríamos, sería una operación infinita)
Por ejemplo: Un adolescente coge dinero prestado y no paga. El acreedor, como es natural, se dirige donde los padres del deudor para obligarlos a que respondan por la irresponsabilidad del muchacho. Particularmente, deja un mal sabor en las entrañas de la casa. Otro caso, los progenitores responsables tienen sueños de entregar a sus hijas en el altar, precisamente, el día que contraen nupcias. Y como si fuera un juego de muñecas, llega la decepción en la vida real: La damisela, en una relación impropia, queda embarazada. Ciertamente, la sociedad de seguir transitando por este derrotero, a espaldas al consejo bíblico; los hijos criados sin valores, con sus malos actos disminuirán poco a poco los días de sus padres en la tierra.
En resumidas cuentas, si queremos tener padres de buen ánimo y saludables; el secreto de vivir bien, es honrándolos. La honra es sencillamente demostrarle siempre: aprecio, respeto y alta estima. Es sobre todo, ayudarlos en todo, y perdonar todo. Es saber cumplir con el 4to. mandamiento de la Ley moral de Dios; y, único mandamiento con promesa. (Éxodo 20:12, Efesios 6:2)
¡Honremos a nuestros padres!
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